¿Cuando se perdió “la furia roja”?

Resulta muy mediático en estos tiempos de bonanza para el fútbol español, decir que con “esos locos bajitos” (recordando aquella canción de Serrat) abandonamos por fin y de una vez por todas el fracasado mito de “la furia roja”. Todo para convertirnos en unos señores campeones y con un fútbol de alta escuela. Pero desde mi punto de vista, la cuestión de lo de “la furia” no es del todo cierta; y me explico.

Hace mucho tiempo que la selección española de fútbol viene deambulando por las fases finales como si de una travesía en el desierto se tratase, en busca de una generación de oro. Vale la pena recordar en este punto que antes, al menos, el combinado español no era ni siquiera un fijo en esas fases finales. Tal generación dorada pudo ser la que campeonó en las Olimpiadas de 1992, con jugadores de talento y gusto por el toque como Berges, Guardiola, Solozabal, Alfonso, Kiko, Luis Enrrique, entre otros más aguerridos como Abelardo o Ferrer.

"Chapi" Ferrer celebra con Kiko tras anotar el gol de la victoria en la final olímpica frente a Polonia (3-2).

Pero también pudo ser una generación anterior, aquella “Quinta del Buitre” que, antes de ganar cinco ligas consecutivas con el Real Madrid, se plantó en la final de la Copa del Rey con el mismísimo Castilla. ¿Quien no recuerda con admiración a jugones como Martín Vazquez, Butragueño, Sanchís, Pardeza o Michel? Había junto a estos cinco otros de tremenda calidad técnica en la selección, por ejemplo “El lobo” Carrasco o Lopez Ufarte.

La "Quinta del Buitre" ya veteranos, con Pardeza en las filas del zaragoza.

El caso es que lo de la furia nos recuerda a un equipo de empuje, sangre sudor y lágrimas que poco tiene que ver con el perfil de los diferentes combinados nacionales desde los años 80. Lo que hoy en día gozamos viendo jugar a Xavi, Iniesta, Cesc, Torres, Villa y demás; no es otra cosa que la meta de algo que se llevaba buscando durante mucho, mucho tiempo.

Lo de la furia quizás le pegue más a unos bárbaros que juegan de blanco y beben Witbier o Helles de Munich entre otras cervezas. Pero cuidado y que no se me entienda mal, que Alemania siempre tuvo jugadores de gran talento y clase. Sin embargo, su escuela si que recuerda mucho más al empuje y los zabombazos de media distancia. En cambio, el modo de jugar que se tercia por las tierras del tinto de Rioja o el blanco Albariño, más se parece a un baile de salón y desde hace más tiempo de lo que se suele decir.